viernes, 15 de agosto de 2014

¿Soñaba dormido o soñaba despierto don Quijote? (3)


Amaneció


Anocheció


Amaneció


Anocheció


Amaneció


Anocheció

"...allá me anocheció y amaneció, y tornó a anochecer y amanecer tres veces"

Tercera parte del comentario al capítulo 2.23 del Quijote, publicado en "La acequia", con el título "La cueva de Montesinos", correspondiente al día 12 de noviembre de 2009.

A estas alturas del discurso, tengo una serie de dudas que deseo resolver. La principal es la del tiempo: cómo en poco más de una hora ha ocurrido todo lo que me acaba de relatar. Se lo planteo y Don Quijote rechaza que haya sido un día. Me asegura que vio anochecer y amanecer tres veces, que estuvo tres días allá…Sancho le da la razón, si todo ha sido por encantamiento, las horas también estarán encantadas: una hora igual a tres días con sus noches.

Otra duda que tengo es la de la comida, si comió durante esos tres días. Responde que ni comió ni sintió hambre. Sancho quiere saber si los encantados comen. Don Quijote parece que está muy puesto en el tema: ni comen, ni defecan, ni necesitan manicura, barberos o peluqueros. El escudero también pregunta si esas extrañas criaturas duermen. En esos tres días, ninguno ha pegado ojo, ni el caballero andante tampoco.
Sancho encaja el refrán de “dime con quién andas, decirte he quién eres”. Si su señor anda con gente encantada que no come ni duerme, no ha de extrañarse de no comer y no dormir. Y suelta lo que estaba deseando soltar: que le perdone, pero no cree nada de lo que don Quijote ha dicho.

¿Qué dice este ignorante? ¿Cómo había de mentir su señor? Es imposible componer tantas mentiras en tan poco tiempo. Sancho me corrige, él no cree que su señor mienta. Han sido los malditos encantadores los que le han metido en el magín todo lo que ha contado y lo que contará. ¡Qué majadero este escudero!

Don Quijote replica que pudiera ser, pero no es así. Asegura que él lo vio con sus ojos y lo tocó con sus manos. Además, Montesinos le mostró maravillas y, entre tanta maravilla, le mostró tres labradoras que brincaban como cabras. Y ¡una de ellas es la sin par Dulcinea del Toboso! Y las otras dos son las mismas que vieron con ella, en cierta ocasión.

Montesinos no las conocía, son tantas las señoras principales encantadas…Nada menos que la reina Ginebra y su dueña Quintañona, escanciando vino a Lanzarote, cuando de Bretaña vino. Demasiado vino… ¡Qué hartazgo de romances!

Sancho se ríe y habla para sí mismo, repite que el encantador es él…loco está loco…Y se lamenta del aciago día en que su “caro patrón”, bajó a la cueva de donde ha salido contando disparates, con el juicio perdido y todo…gracias al tal Montesinos.

Caballero y escudero manifiestan no hacerse caso el uno al otro. Sancho, desesperado, le pregunta en qué conoció a la tal Dulcinea, entre las “encantadas” de la cueva. La respuesta del señor deja pasmado al criado: la reconoció porque llevaba los mismos vestidos de aquella vez.


Afirma don Quijote que le habló, no respondió y salió huyendo. Montesinos le advierte que sería inútil seguirla y, además, porque es la hora de salir de la sima. El anciano le informa de que, andando el tiempo, se le avisaría para los desencantamientos. La hora del cierre…se ve que tenía prisa el de las barbas.

Antes de salir el caballero, ve que se le acerca una de las dos compañeras de Dulcinea. Con lágrimas en los ojos y en baja voz, le transmite un mensaje de la del Toboso. Le besa las manos y suplica que, por estar en una gran necesidad, le preste media docena de reales, o lo que tenga… Deja en prenda un faldellín ¡Una prenda interior femenina! Y promete volvérselos con brevedad.

Don Quijote, sorprendido, pregunta a Montesinos si es posible que los “encantados principales” padezcan necesidad. Y éste le contesta que la necesidad a todos alcanza, aún a los encantados. Le anima a dárselos, que la prenda es buena…El caballero no toma la prenda, le da cuatro reales que tenía en el bolsillo para limosnas a los pobres. La labradora debe transmitirla que le pesa en el alma su necesidad y quisiera ser un Fúcar, un Fugger, para remediarlo. Y lo más importante: una declaración de amor en toda regla. Él no puede tener salud sin verla y hablarla, que se deje ver y tratar.

Y sigue con el romancero, no sé qué zarandajas con el marqués de Mantua, Baldovinos, la montiña, el infante don Pedro de Portugal. ¡Qué empanada de romancero!

La doncella coge el dinero y se despide con una cabriola que la levanta dos varas por encima del suelo. ¡Menudo salto!Consultaré en mis libros para estudiar los saltos más grandes que es posible dar.

Sancho se lamenta de la pérdida de juicio y disparatada locura de su señor. Le pide, por Dios, que no “dé crédito a esas vaciedades “y vuelva...

Lleva razón don Quijote. Este ignorante le quiere bien y por eso habla de esa manera; pero carece de experiencia y ve imposibles las cosas difíciles.

Yo sí creo en lo que nos ha contado, aunque me llamen mentecato. No, no soy el primo, con el significado de bobalicón. Soy el primo del licenciado espadachín, recuerden.

Un abrazo para todos.


María Ángeles Merino

Copiado de "La arañita campeña", de la entrada con el mismo título. 
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2009/11/sonaba-dormido-o-sonaba-despierto-don_6509.html

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