lunes, 4 de agosto de 2014

De leones y requesones (1)


El queso de Burgos es lo más parecido al requesón que se me ocurre ¿O son los sesos de don Quijote?

Primera parte del comentario al capítulo 2.17 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "El caballero de los leones", correspondiente al día 1 de octubre de 2009.

De donde se declaró el último punto y estremo adonde llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote con la felicemente acabada aventura de los leones.

El título nos lo indica, esta vez don Quijote va a llegar al “estremo”, aunque ya nos anticipa que va a ser acabada “felizmente”. No nos preocupemos por la integridad de nuestro héroe.

Don Quijote apremia a Sancho, tiene que apresurarse, aventura “habemus”…Y el pobre escudero no sabe qué hacer con los tiernos requesones comprados y pagados a los pastores. A manera de “tupper”, qué horrible anglicismo, no se le ocurre mejor cosa que encajarlos en la celada de su señor.

El del Verde Gabán no ve la aventura por ninguna parte, sólo se divisa un carro con las banderas reales, tal vez acarrea moneda del Rey. Ojo, atacarlo es delito contra su Católica Majestad. Bien conoce el que escribe, recaudador de impuestos por vándalas tierras, tan regio transporte. El de Miranda se lo indica; pero el loco caballero, ni caso. Él a lo suyo que cualquier hora es buena para sufrir el ataque de los encantadores en nómina.

Toma la celada, se la encaja en la cabeza y algo pegajoso le chorrea por el rostro y la barba. Don Quijote se pregunta si es que se le están haciendo agua los sesos o es que está sudando. Se limpia con un lienzo y se quita la celada para ver el tipo de sustancia que le está enfriando la testa.

Y no se sale de la realidad para identificar la sustancia blanca como requesones .Por vida de su señora Dulcinea, que lo son. El “traidor, bergante y malmirado escudero” ya se lo tiene bien aprendido, los encantadores, fueron los malditos encantadores. ¡No lo dude! Ellos, los muy ladinos,   colocaron esa “inmundicia” en la celada , con la malévola intención de provocar la quijotesca cólera, moledora de escuderiles costillas. Pero Sancho confía en “el buen discurso de su señor, hay que ver cómo le dora la píldora. Si él tuviera requesones , a quién se ele ocurre, los guardaría en su estómago y no en la celada. “Todo puede ser “es la calmada respuesta de don Quijote, siempre dispuesto a bregar con encantadores enemigos.

Y el del Verde Gabán mira y se admira. Y con la boca abierta debía estar cuando, tras limpiarse, el de la Triste Figura se encaja la celada, se ajusta los estribos, comprueba que la espada está en su sitio y ,agarrando la lanza, se declara dispuesto a luchar con el mismo Satanás si viene al caso.

En esto llega el carro de las banderas, con su solitario carretero.

(Continúa)


Un abrazo para todos de María Ángeles Merino


Copiado de "La arañita campeña", de la entrada con el mismo título.
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2009/10/de-leones-y-requesones.html

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