viernes, 8 de agosto de 2014

Habla el cocinero que espumó tres gallinas y dos gansos de una vez





...sacó en él tres gallinas y dos gansos, y dijo a Sancho:

—Comed, amigo, y desayunaos con esta espuma, en tanto que se llega la hora del yantar.


Segunda parte del comentario al capítulo 2. 20 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Una boda por industria", publicada el 29 de octubre de 2009.

“Los cocineros y cocineras pasaban de cincuenta: todos limpios, todos diligentes y todos contentos “. Así es, yo soy uno de ellos: tan limpio, diligente y contento como el que más. Nos dieron ropa limpia: camisa blanquísima, mandil a rayas y calzón negro. Y una cantidad más que razonable de monedas… y aquí estamos, disponiendo el banquete para festejar la boda de Camacho el Rico con la hermosa Quiteria. Soy un personaje secundario del Quijote. Veréis que, aunque ocupe sólo nueve líneas, tengo voz. Lo que no tengo es nombre, sólo soy un cocinero solícito.

Un olmo entero me sirve de asador para un entero novillo… lo que nos costó espetarlo. A veces pienso en lo que sudarían los leñadores para derribarlo…Pero, como todo nuevo rico, Camacho es amigo de grandezas y no se conforma con un asado troceado. Y, dentro del novillo, doce lechoncitos para darle más sabor. Ni siquiera a los Osuna, casa en la que tuve la honra de servir, se les hubiera pasado por las mentes este alarde nupcial, este disparate de comida, bebida, música, danza, representaciones…todo por casar con una mujer pobre pero, eso sí, hermosísima…y todos sabemos que desde niña amó a otro, a Basilio. Los que son señores desde la cuna no necesitan demostrar nada…pero éstos… Bueno, a callar que el que paga, manda. Y paga bien, así se entiende que estemos todos contentos.

¿Y las ollas? Seis medias tinajas me sirven de ollas y engullen carneros enteros como si fueran palominos. Somos cincuenta los cocineros y cocineras pero, ayer, tuvimos que buscar ayudantes porque no dábamos abasto despellejando liebres, desplumando aves y colgándolas de los árboles. ¡Cuántos ahorcados de pelo y pluma!


¿Y de vino? Sesenta zaques enormes de generosos vinos, cada zaque de más de a dos arrobas, más de ciento veinte arrobas...será difícil pasar por el prado sin pisar borrachos.

Panes amontonando su blancura, quesos formando nutritiva muralla, enormes calderas de aceite hirviendo, masa frita rescatada del aceite para zambullirlas en la miel, especies por arrobas…abundancia para alimentar a un ejército. En mi vida he visto tanta comida junta…aunque trabajé en señoriales cocinas. Muchas personas principales han alabado mis guisos. Era un mocoso que a duras penas levantaba las ollas…mi madre pidió al cocinero del duque que me admitiera como ayudante. ¡Era tanta el hambre que pasábamos en casa! Aquel olor de sustanciosas comidas me hechizó…aquí me quedo, pensé.

Han acudido de todos los pueblos cercanos y no tan cercanos. Gentes de todo pelaje pasan por aquí: mendigos, truhanes, mozas del partido, peregrinos desviados, lazarillos, pastores, labriegos, hidalgos, curas… Pero no esperaba ver a un auténtico caballero andante en busca de aventuras, que así se me presenta. Recién sacado de una de esas novelas caballerescas que escuchábamos con deleite, junto al fuego. El lector, aquel mayordomo del duque, tan letrado. ..

El caballero andante dice llamarse don Quijote de la Mancha y va en compañía de un rústico criado que mira todo con ojos hambrientos y asombrados. Las ollas, los zaques, las frutas de sartén…no puede más. Me pide, cortésmente, que le deje mojar un mendrugo de pan en una de las ollas. Me acuerdo de mis pasadas hambres y le anuncio que, en el día de hoy, no posee juridición el hambre, gracias al rico Camacho. Le doy permisos para coger un cucharón y espumar una gallina o dos. El rústico es algo apocado, no ve cucharón y no se le ocurre cómo espumar. He de ayudarle, agarro un caldero, lo encajo en la media tinaja y saco ¡tres gallinas y un ganso! Buena pesca. Contagiado del espíritu jactancioso de mi amo Camacho, le digo que ese desayune con “esta espuma”, mientras llegue la hora de comer de verdad. Llamar espuma a tres gallinas y un ganso… la verdad, no entiendo cómo pude pescar los tres volátiles a la vez. El ganso no era de los pequeños y e, en cuanto a las gallinas, eran gordas y bien criadas, no eran pollas…Como no tenía donde echar la pitanza, se llevó el caldero cuchara. ¡Viva el despilfarro!

Don Quijote no atiende a gallinas ni gansos. Está atento al carísimo espectáculo que ha pagado el novio. Por la enramada entran doce labradores sobre yeguas con cascabeles, dando vivas ala pagador .Le oí decir no sé qué de una tal Dulcinea, más hermosa que la novia.

Después, entran muchos y diferentes danzantes con espadas y sin ellas. Bailadoras jovencísimas, honestísimas y rubísimas; con un jardín en el pelo. A continuación, las que llaman danzas de artificios, con sus ninfas, su Cupido… ¡Cuánto dinero mal gastado! Un flechazo, una poesía, otra. ¿Cuándo acabará esto? Más danzas. El Amor lucha contra el Interés. Como si no supiéramos quién suele vencer.

Don Quijote pregunta por el autor y da en el clavo, este satírico y beneficiado autor es más amigo de las riquezas de Camacho que de las habilidades de Basilio.

Sancho Panza, el hambriento de la “espuma”, es partidario para siempre de Camacho y afirma: “El rey es mi gallo: a Camacho me atengo”. Su amo le reprocha que, como villano, sea de aquellos que siempre se ponen de lado del vencedor. Sancho responde que de las ollas de Basilio nunca sacará una espuma tan elegante…y muestra el caldero con la pesca de gansos y gallinas. Comienza a comer con muy buena gana y a proclamar, otra vez, su adhesión incondicional.

Don Quijote, impaciente, pregunta a su amo si ha acabado su “arenga”. Sancho la da por finalizada, al ver que su amo se impacienta…El amo desespera de ver mudo al parlanchín, antes le llegará la muerte. El escudero se pone a dar un discurso acerca de la muerte, la •descarnada” que igual come cordero que carnero. Buen predicador, este escudero. Son un par de locos, no entiendo sus razonamientos. Sólo sé que el hablador vuelve a comer con buenos alientos, tan buenos que despierta los del caballero andante. Pero, cuando éste se dispone a prestarle ayuda para despachar volátiles, se lo impide algo que pasa a continuación…Lo veremos.

Un abrazo de:


María Ángeles Merino

Copiado de "La arañita campeña"
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2009/10/habla-el-cocinero-que-espumo-tres.html

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