domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Yelmo o bacía?


 
Comentario al capítulo 1,21 del Quijote, publicado en "La acequia, en la entrada titulado "De la obtención del yelmo de Mambrino y el soñar despierto", el día 2 de octubre de 2008.

"Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero"
"En este capítulo, Don Quijote enristra con su lanzón a un humilde barbero que se había protegido de la lluvia, colocándose una palangana de barbero, la bacía, en la cabeza.

El hombre iba a su trabajo para sangrar a un enfermo y hacer la barba a otro. Con los esquemas laborales y sanitarios de nuestra época, no entendemos esa doble función. El mismo profesional que abría la vena con la lanceta, para expulsar “los males humores”, consiguiendo muchas veces aquello de ser peor el remedio que la enfermedad, también rapaba barbas. Algo cotidiano entonces y más aún para Cervantes, hijo de uno estos barberos-cirujanos, sin título universitario, sin derecho al “don”.

Hay dos sangradores- rapabarbas en la obra y, en un capítulo de la segunda parte, coincidirán: Maese Nicolás y éste del yelmo de Mambrino que volverá…a cobrar su deuda.


Vamos a imaginar, esta vez más mayorcito, al niño Miguel, en un rincón den la barbería de su padre. La tertulia donde se charla y se leen libros de caballería: Amadís, Palmerín, Félixmarte de Hircania. El trabajo: la sangre que cae en la bacía, los pelos de las barbas, toda clase de males mayores y menores y…los locos. Sí, en cierta ocasión, llevaron ante su padre a un enfermo que se creía caballero andante y gritaba eso de “¡Non fuyades cobardes y viles criaturas! Poco se pudo hacer. La psiquiatría tardaría en nacer, sujetarle, atarle…Otro día traerán a un loco huido a la sierra por una pena de amor, a un estudiante que se cree de vidrio…

Sigamos imaginando. Un día lluvioso, Rodrigo vuelve de un servicio, en una aldea próxima .Para no mojarse el sombrero, tan caro, su padre se ha colocado la bacía encima de la cabeza. Miguelillo ríe y exclama: ¡padre, llevas el yelmo de Mambrino!"
 
Hasta la próxima lectura, en el capítulo de los galeotes.

Un saludo a Pedro y a todos los blogueros que entran en “La acequia”.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ABEJITA: en efecto, como señalas, para Cervantes esta profesión era bien conocida, desde dentro. Me gusta lo que imaginas para él, como origen de esta escena. Saludos y gracias por tu aportación.

Entrada copiada del blog "La arañita campeña":
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/10/yelmo-o-baca.html
 

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