domingo, 8 de septiembre de 2013

"...vinieron a parar a un prado lleno de fresca yerba, junto del cual corría un arroyo apacible y fresco "



 (Foto Ele Bergón)

Comentario a mi lectura del capítulo 1,15 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada correspondiente al 21 de agosto de 2008, titulada "Del amor poético al impulso sexual o cómo la realidad se impone a golpes".

Capítulo 1,15: "Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses"

Don Quijote y Sancho recorren durante más de dos horas el mismo bosque, tras la pastora Marcela. La buscan y no la hallan. Vienen “a parar a un prado lleno de fresca yerba”, junto a “un arroyo apacible y fresco”.


Tan ameno es el lugar que convida a sestear en él. Se apean, dejan pacer a sus monturas, saquean sus alforjas y comparten su contenido "en buena paz y compañía".


¡Demasiada paz! ¿Dice el libro que Rocinante le va venir el deseo de refocilarse? De ninguna manera, es tan manso y tan poco rijoso. Ni todas las yeguas de la dehesa de Córdoba alterarían su casta naturaleza.

-¡Hiiiiiiiii! ¿Casto yo? ¡Hiiiiiiii!

Detalle del Monumento a Cervantes (Madrid)

-¿Quién me habla?

-Estoy aquí dentro, señora mía. ¿No me ve su merced?

-¡Un caballo! ¡Un rocín! ¡Rocinante en la pantalla de mi ordenador! ¡Habla!

-Sí, señora mía. ¿De qué se sorprende usted? Si don Miguel ya me dio la facultad humana del habla en los versos preliminares al Quijote. Recuerde aquella décima de cabo roto: “Soy Rocinante, el famo-, bisnieto del gran Babie-, por pecados de flaque-, fui a poder de un don Quijo-…”. E incluso diálogo con el gran Babieca, el caballo del Cid, quejándome de mi menguada ración de paja y cebada.


-Así es, señor Rocinante, pero compréndame, se me hace raro hablar con un equino, aunque sea todo un personaje literario.

-Esté atenta vuesa mercé; lo que va a escuchar es mi versión de lo acontecido en aquel prado, algo que no figura en libro alguno. Y, ruégole encarecidamente no me califique  de "secundario", siendo tan principal como soy. Porque caballero sin caballo no es caballero...

-Comience de una vez, don Rocinante.

-Pues verá, de ordinario Sancho Panza no me "echa sueltas", tan confiado está en mi mansedumbre. Cierta vez le oí comentar lo de "todas las yeguas de la dehesa de Córdoba". Les diré que  cambiarán de parecer si un día destos me ponen delante una de esas fermosas  cordobesas...El diablo no duerme y quiere que anden paciendo por alli unas jacas galicianas, que tampoco están nada mal. Lo malo es que sus amos, unos arrieros yangüeses , sestean cerca.

Raza gallega.
Sucede que me viene el deseo de refocilarme con "las señoras jacas", cómo olían aquellas jembras gallegas. No pido licencia, tomo "un trotillo algo picadillo"y voy a comunicarles mi necesidad. Mas la jugosa hierba debe serles más apetitosa que mi persona porque me reciben a coces y dentelladas. Quedome sin silla y en pelota, todas las cinchas rotas.


Viendo los arrieros la fuerza que fago a sus yeguas, acuden con estacas y me dan tantos palos que acabo derribado y por los suelos. Don Quijote y Sancho  llegan ijadeando . El loco de mi amo dice que son "gente soez y de baja ralea"y , por ello, bien puede ayudarle el escudero a tomar venganza. ¡Ay!
De aquí.
Sancho no quiere saber nada de venganzas, proclama que son veinte contra dos. Don Quijote arremete contra ellos y el bueno de Panza lo imita. Da una cuchillada a uno que traspasa el sayo de cuero. Los arrieros acuden a sus estacas " y cogiendo a los dos en medio, comenzaron a menudear sobre ellos con grande ahínco y vehemencia".

De aquí
El segundo toque da con los dos en el suelo. El amo cae a mis pies, yo aún ni levantarme; hay que ver como " machacan estacas puestas en manos rústicas y enojadas"

Los nuestros enemigos huyen con presteza. Oigo la "voz enferma y lastimada" de Sancho que llama a su señor don Quijote. Y la respuesta: "¿Qué quieres, Sancho hermano?"

El escudero pide "dos tragos de aquella bebida del feo Blas" un extraño remedio para el molimiento. Su señor no tiene tal remedio; qué más quisiera; mas le jura , "a fe de caballero andante", que antes de dos días la ha de tener.Don Quijote se siente culpable por haber puesto mano a la espada contra hombres no armados caballeros. Así que, la próxima vez, ha de ser Sancho quien se enfrente "a semejante canalla" y los castigue. Mi amo le defenderá si hay que hacerlo con caballeros.
 

El villano Sancho  replica que él tiene "mujer e hijos que sustentar y criar", que no pondrá mano a la espada contra nadie. Y que perdona todo agravio del pasado y del futuro, venga de persona alta o baja, rica o  pobre, sea  hidalgo o pechero.
Familia de Sancho Panza.

Don Quijote quisiera tener aliento para hablar descansadamente pero no se lo permite el dolor de una costilla. Con un "ven acá, pecador" comienza la reprimenda, a ver si se entera de que ha de estar a las duras y a las maduras.Si el viento de la fortuna se vuelve a su favor y toman puerto en alguna de las ínsulas que le tiene prometidas...¿se la daría a quien no está dispuesto a defenderla?



Sancho está "más para bizmas que para pláticas", En este momento sólo le interesa que su señor se levante y que yo, Rocinante, pueda también levantarme, aunque con ayuda. Dice que no merezco la ayuda, que fui yo el culpable del molimiento. Yo, "una persona tan casta y tan pacífica", nunca lo hubieran pensado de mí. Que comprendan que la carne es débil, la mía también.

Don Quijote considera que sus carnes son más tiernas y notan más "semejantes nublados". "¡Criadas entre sinabafas y holandas!", que no sé qué es eso...A cada uno le duele lo suyo, no lo olvide, señor caballero.




No entiendo mucho sus palabras , cuenta que si a Amadís le dieron doscientos azotes con las riendas de su caballo, que si el caballero del Febo  le endosaron unas melecinas de nieve y arena por sus agujeros naturales, pobre.

Don Quijote explica que  las estacas de los arrieros no afrentan porque ninguno de ellos poseía estoque, espada o puñal.


A Sancho tanto le da, le santiguaron con sus pinos y el dolor ahí le quedó impreso, tanto en la memoria como en las espaldas.

Mi señor sigue hablando de batallas, de feridas, de caballeros enamorados que duermen en páramos y desiertos. Sueña.

Sancho apareja su asno entre "ayes", "sospiros","pésetes" y "reniegos de quien allí le había traído". Me levanta y me pone de reata, el pollino como guía, qué vergüenza para un rocín como yo. Es muy sufrido mi cuadrúpedo compañero de fatigas.

Con don Quijote  sobre el rucio, llegamos  a una venta. Cuadra, paja, cebada...que no haya leña.

-¿Señor Rocinante? ¿Dónde está? Ha desaparecido...Se oye cloc, cotocloc, cotocloc.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino


¡Ya están comentados todos los capítulos! 

Entrada copiada de "La arañita campeña":


http://aranitacampena.blogspot.com.es/2012/04/vinieron-parar-un-prado-lleno-de-fresca.HTML

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