domingo, 7 de diciembre de 2014

"Vuesa merced...es mujer dignísima de un gobernador archidignísimo, y para prueba desta verdad reciba vuesa merced esta carta y este presente."(2)


La abejita prepara un "empedrado", para el paje.

Segunda parte del comentario al capítulo 2.50 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "La burla se extiende", correspondiente al día 20 de mayo de 2010.

Mi madre no quiere salir por aquí. Dice que ella es personaje de lo más principal y se niega a salir como secundario. Así que cuento lo que Teresa Panza, mi madre, me cuenta.

Mientras yo atiendo a caballo y a caballero, Teresa se sale de casa, con los corales al cuello, “tañendo en las cartas como si fuera un pandero”, tan contenta estaba. Se encuentra con el cura y con Sansón Carrasco y les dice, bailando que es ya gobernadora, entre otras cosas que , de momento, no entienden. Creen que se ha vuelto loca de atar.

Les da las cartas, las lee el cura y los dos se miran asombrados e incrédulos. Pregunta el bachiller quién las ha traído. Responde que vengan pa casa, que allí verán al mensajero, tan hermoso él. El cura mira y remira lo corales, certifica que son de los finos y no sabe qué pensar. Eso de una duquesa pidiendo bellotas…

Deciden ver al portador del pliego y madre les acompaño. Al llegar, está cribando cebada para su cabalgadura y yo corto un torrezno, para empedrarlo con güevos. Le saludan cortésmente y miran el buen adorno del que llamaban paje.

Esos dos sienten mucho gusto en meter las narices en todo. El joven Sansón le pide nuevas del amo don Quijote y de su escudero, que no acaban de entender eso del gobierno de Sancho y, menos aún, eso de la ínsula.

El paje asegura que el señor Sancho Panza es gobernador y me entra una alegría por dedentro. De si es de una ínsula, no se entremete en eso, mil vecinos tiene, eso sí puede decir. De lo de las bellotas, dice que su señora, la duquesa, es muy llana y tan humilde. Hemos de saber que las señoras de Aragón son asi, tratan con m´s llaneza que las puntuosas castellanas.

Mi madre se ve ya de señora gobernadora, con verdugado y coche de lo mejol. Que la que tiene marido gobernador, bien puede. Teresa sueña y yo también. Me veo sentada en el mismo coche y la gente dice que ahí va la hija del harto de ajos, como si fuera una papesa. Que rabien los murmuradores, ándeme yo caliente…



Nunca había visto a mi madre tan ilusionada. Ahora dice que todo esto se lo tenía profetizado su buen Sancho, el cual no parará hasta hacerla condesa. Y suelta una sarta de refranes más larga que la de los corales, los mismitos que soltaba mi padre: Que si te dan la vaquilla, corre con la soguilla. Y si te dan un gobierno cógele y, si es un condado, agárrale…Y sigo yo con ese de “viose el perro en bragas de cerro”.

Entonces, el cura saca en consecuencia que los Panzas nacemos con un costal de refranes. El paje asiente, su “señor gobernador” a cada paso los dice, aunque no vengan a cuento. Los duques tienen mucho gusto en oírlos, al parecer.

El bachiller insiste, si afirma ser verdad eso de los duques, el gobierno y demás. Porque para don Quijote piensa que todas cosas son por encantamiento. El Carrasco está por tocar al muchacho por ver si es de carne y hueso.

El mensajero responde, harto , que él es embajador verdadero y Sancho es gobernador efectivo. Que los duques se lo dieron y él lo hace valentísimamente, Y que lo jura por sus padres. ¡Qué gusto me da oír a este buen mozo! Es una pena que no me quiera llevar en las ancas de su rocín, hasta la ínsula ésa. Pero no, que las hijas de los gobernadores han de ir con carrozas, literas y sirvientes. Yo estoy dispuesta a ir en una pollina, pero mi madre dice que ahora toca ir de señora…

Hay cosas que no entiendo porque el bachiller suelta latinajos y el paje contesta con más latinajos.

El de las cartas se impacienta, tiene prisa, démosle de comer y dejémosle marchar. El cura le invita a comer, a su casa. Que vaya con él a “hacer penitencia”, que Teresa tiene voluntad pero no dispone de lo necesario para servir a tal huésped. Y él acepta, por la mejora. ¡Con lo que me hubiera gustado a mí verlo comer mi empedrado de torreznos! Ya estoy viendo al cura, cosiéndole a preguntas.

Como conoce al bachiller desde chico, no quiere que le escriba la carta de respuesta, que lo de la burla le viene de antiguo y de familia. Así que, con un bollo y dos huevos, paga a un monacillo que sabe escribir. Son dos cartas, una para padre y otra para la duquesa. No le quedan nada mal, sería una buena escribana.
Desaparezco.

Un abrazo para Pedro y todos los que pasáis por aquí.


María Ángeles Merino

Copiado de "La arañita campeña", de la entrada con el mismo título.
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2010/05/vuesa-mercedes-mujer-dignisima-de-un_23.html

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