lunes, 21 de julio de 2014

"Sopa de arroyo"


"todos se cargaron de piedras y se pusieron en ala esperando recebir a don Quijote en las puntas de sus guijarros"


"Asaz de locura sería intentar tal empresa: considere vuesa merced, señor mío, que para sopa de arroyo y tente bonete no hay arma defensiva en el mundo, sino es embutirse y encerrarse en una campana de bronce"

Segunda parte del comentario al capítulo 2.11 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "La Muerte siempre vence", correspondiente al día 20 de agosto de 2009.


He dividido este capítulo en dos partes:

En la primera, que he titulado “Avive y despierte”, tenemos a un Sancho, psicólogo de pacotilla, que intenta sacar a su señor del abatimiento, tras la visión pollinesca de Dulcinea. Ay, Sancho, que provocaste la enfermedad y ahora quieres curarla.


En la segunda, auténtico homenaje de Cervantes al teatro ambulante, caballero y escudero tienen un encuentro con una carreta- escenario que transporta a los comediantes de una compañía teatral. La he titulado “Sopa de piedras”, título que da pistas cerca del desenlace de dicho encuentro.

"Sopa de arroyo"

Se les cruza una carreta, cuando don Quijote se dispone a contestar a Sancho. Va ocupada por los personajes habituales de un auto teatral barroco: un demonio, la Muerte, un ángel, un emperador, una reina, el dios Cupido y un caballero armado pero con plumas. Sancho se asusta; pero nuestro caballero andante, una vez pasada la primera impresión, se alegra de que se le presente una peligrosa aventura.

Muy decidido, se coloca delante y con voz de trueno, la de decir “non fuyades, cobardes y viles criaturas”, se dirige al cochero demonio y le insta a que se presenten tan singulares ocupantes. El demonio, actor principal y cochero, le informa de que son recitantes de una compañía de teatro. Acaban de representar un auto titulado “Las Cortes de la Muerte” en un pueblo cercano, con motivo de la octava del Corpus*. Han de representarla en otro pueblo, ese mismo día y, para ganar tiempo, no se han quitado los disfraces.

Hasta aquí todo como la seda; pero un comediante vestido de “bojiganga”, con cascabeles y vejigas hinchadas para pegar, espanta con sus gracias a Rocinante que corre más que una gacela, quién lo hubiera imaginado.

Caballo y caballero dan con sus endebles huesos en tierra, Sancho baja del rucio y el de la vejigas aprovecha para zurrar al pobre asno que “vuela” por el campo. ¡Ay, que ese mamarracho le está pegando en las ancas! ¿A quién atiende el escudero? ¿Al de dos patas o al de cuatro? Como buen criado, dará prioridad a su señor. Le ayuda a levantarse, informándole de la segunda desaparición del rucio que, esta vez, va a ser de muy poca duración. Si ha sido el Diablo, don Quijote declara estar dispuesto a buscarlo en los infiernos. Y reacciona, qué espabilado se ha vuelto este hidalgo, con gran sentido práctico: cogería las mulas de la carreta para compensar la pérdida del rucio.

Afortunadamente, el Diablo lo abandona y el animalillo vuelve con su amado amo. Don Quijote señala la conveniencia de castigar la mala acción del demonio cascabelero, en alguno de los de la carreta. Sancho no quiere tomarla con farsantes porque son, según él, gente estimada por todos y protegida por el poder. El caballero andante no está dispuesto a dejar sin castigo al demonio “farsante”, favorecido o no. Y se pone a dar voces, indicándoles que se detengan y se enteren de cómo hay que tratar a un burro andante.

Bajan todos los de la carreta, se aprovisionan de guijarros y amenazan con arrojárselos. Don Quijote piensa cómo acometerlos y menos mal que Sancho llega a tiempo para disuadirlo de la “asaz locura”: hacer frente a la “sopa de arroyo”. Muy sabiamente, le recuerda que no se puede ir contra un ejército donde esté la Muerte…¡y que ninguno es caballero andante! Ahora sí que ha dado en el blanco, no, no puede sacar espada contra los que no son caballeros andantes. Le toca al escudero…

Ni hablar, Sancho no quiere tomar venganza de nadie, desea vivir en paz. Don Quijote aprueba la decisión de su criado y le dedica elogiosas palabras. No faltarán mejores aventuras. La Muerte se retira con “todo su escuadrón volante”. De momento, que la Muerte vence siempre.


Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

* Incongruencia cronológica: Si en la segunda salida don Quijote volvió a casa en septiembre, la tercera debió de suceder a mediados de octubre. Sin embargo, ahora están en junio ya que celebran la octava del Corpus.
Este capítulo tendría lugar el miércoles 19 de junio de 1614, según la cronología que establece Alfredo D.Bateman en "Las jornadas del Quijote"


Copiado de "La arañita campeña", en la entrada con el mismo título.
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2009/08/sopa-de-arroyo.html

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