sábado, 19 de julio de 2014

¿No te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea...?



Adiós, que ya viene el alba.


"Media noche era por filo, poco más a menos , cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso"

Comentario al capítulo 2.9 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "El Toboso de noche", correspondiente al día 6 de agosto de 2009.

Este capítulo comienza como el romance del conde Claros: “Media noche era por filo”. Vamos a oír a un misterioso personaje que canta aquello de “Mala la hubisteis franceses en ésta de Roncesvalles” y todavía Sancho alude a otro romance, el del moro Calaínos. Cervantes bebe del romancero y rinde tributo a esta forma de literatura al alcance del pueblo iletrado.

Es media noche cuando caballero y escudero abandonan el monte y entran en el Toboso. Es una noche entreclara, demasiado clara para un Sancho turbado por sus mentiras; amenizada por coro de voces animales, en diferentes escalas y con un don Quijote que los tiene “a mal agüero”.

El caballero enamorado confía en que Sancho, sin titubeos, le conduzca hasta el palacio de Dulcinea, tal vez despierta a estas horas. El escudero empieza a enredarse en su madeja embustera, a lo del palacio contesta que él sólo vio una casa muy pequeña. Ni pequeña ni grande, recordemos que olvidó la carta escrita en el libro de memoria y que, tras encontrarse con el cura y el barbero, ya no fue al Toboso. Don Quijote responde de acuerdo con sus delirios: es pequeña porque se trata de un pequeño apartamiento dentro de un gran alcázar, donde las damas se solazan, ellas solitas.

Sancho intenta convencer a su señor de que no son horas de visitas y de aldabonazos porque ni Dulcinea es una manceba ni su merced, un abarraganado. El loco enamorado insiste, primero el palacio y luego, ya veremos. Y dan, que no topan, con el edificio más grande que resulta ser la iglesia, qué va a ser si no. Ya tenemos aquí la famosa frase, mal copiada y repetida hasta la saciedad, pero con un significado distinto: “Con la iglesia hemos dado, Sancho”.

Y Sancho está en una situación incomodísima, desea salir de esas calles en las que, en realidad, no busca nada; pero tiene que fingir, tanteando casas y tapias casi a oscuras. Que si estamos en un cementerio, que si un callejón sin salida…Un ciego guía a otro ciego y ambos se irritan, la bomba de sinceridad está próxima a estallar.

Por fin, Sancho explota y proclama que vio la casa sólo una vez y si su señor, que la debe haber visto un millar de veces, no la halla…cómo la va a hallar él, en plena noche. A continuación, la gran revelación de don Quijote que confiesa no haber visto nunca a Dulcinea puesto que sólo está enamorado de “oídas”, por su hermosura y discreción, expresión suprema del amor cortés.(*1)

¿Qué está oyendo Sancho? ¡Que su señor nunca la ha visto? ¡Pues él tampoco! *(2 )El enamorado oyente se agarra a un clavo ardiendo? No puede ser, tú la viste ahechando trigo. Y Sancho, con una paradoja burlesca, le hace saber, que “también fue de oídas la vista y la respuesta que le truje “. Se le cae el alma a los pies al de la Triste Figura, quiere creer que Sancho repite, como un loro, lo que él dice…

Tras las revelaciones, oyen un ruido de algo que se arrastra por el suelo, es un arado y lo lleva “uno con dos mulas” .Es un misterioso labrador, va cantando el romance de” la caza de Roncesvalles” y “lo de mala la hubisteis franceses” no hace ninguna gracia al hidalgo que lo considera mal augurio.

Don Quijote pregunta al campesino dónde están los palacios de la princesa Dulcinea. El buen hombre es forastero y hace poco que está sirviendo en el Toboso, para un labrador rico. ¡Vaya! ¡Dos labradores en un solo capítulo! Escasean en este libro…

A lo que íbamos, el del romance no sabe nada de Dulcinea, les remite a casa del cura y del sacristán que poseen “la lista de todos los vecinos del Toboso”. ¡Con la Iglesia hemos topado! Y de princesas, tampoco sabe nada, hay señoras principales tobosinas, las cuales lo serán en el pequeño reino de su casa. Don Quijote se contenta con esta información, entre ésas principales estará, seguro, su enamorada. Ya viene el alba y el campesino tiene prisa…

Sancho no desea que los vean, a plena luz del día. A saber qué pensarían los tobosinos de semejante pareja. Propone a su señor salir fuera de la ciudad y emboscarse. Él volverá de día, buscará, encontrará el palacio e informará a su amo. E, inesperadamente, a su señor le parece de perlas. Así lo hacen y respira aliviado, de momento, el que rabiaba por sacar a su amo del pueblo.

*(1) En el capítulo 1 de la primera parte, Cervantes escribe: “ en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata dello”. ¡Lugar cercano al que tardan en llegar una noche y un día? ¿Anduvo enamorado pero no la vio nunca?


(*2)Y, sin embargo, en el capítulo 25 de la primera parte, cuando don Quijote la identifica como la hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales, Sancho sabe de quién está hablando y se refiere a ella como una muchacha de su entorno, vecina o casi vecina, relatándonos las anécdotas de una chica forzuda, de potente voz, burlona y nada melindrosa. Es evidente que la Dulcinea-Aldonza Lorenzo de la primera parte no coincide con la de la segunda.

Un abrazo a todos:

María Ángeles Merino

Copiado de "La arañita campeña", en la entrada del mismo título.
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2009/08/no-te-he-dicho-mil-veces-que-en-todos.html

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