viernes, 10 de octubre de 2014

"Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría"



El Instituto Cardenal López de Mendoza, de Burgos, creado en 1845, se ubicó en este edificio de 1538, antiguo Colegio San Nicolás, que perteneció a la familia López de Mendoza. Tras pasar la puerta principal del bello edificio renacentista, nos encontramos con otro acceso donde figura escrito el proverbio latino "Initium sapientiae est timor Domini", al que alude don Quijote, en este capítulo. Desde 1968 hasta 1974,como alumna del mismo, atravesé, todos los días del curso escolar, esta puerta con la terrible advertencia: "El principio de la sabiduría está en el temor de Dios".

Segunda parte al comentario al capítulo 2.42  del Quijote. Publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Consejos para un buen gobierno", correspondiente al día 25 de marzo de 2010.

"De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula, con otras cosas bien consideradas"

Don Quijote, ante la inminente toma de posesión del gobernador insulano y, con licencia del duque, lo conduce a una estancia aparte, para aconsejarle en privado. Cierra tras sí la puerta y no lo invita a sentarse, sino que le hace sentar.

Da las “infinitas gracias” al cielo, porque la buena dicha ha salido a recibir a Sancho, antes y primero y, a continuación, pone en marcha la artillería, con voz reposada, para rebajar los humos al escudero.

El duque acaba de hablarle de “vos”, ahora don Quijote le tutea, tratamiento mucho más familiar: “Tú, que para mí, sin duda alguna, eres un porro…” Sin madrugar, sin trasnochar, sin hacer diligencias, el aliento de la caballería andante le tocó en el cogote y ya se ve gobernador. Ya sabe, Sancho, a quién le debe todo. ¿Madrugar? ¿Trasnochar? Su señor no se acuerda de las largas jornadas, días y noches, por esos caminos de Dios. ¿Diligencias? ¡Tantas veces se las sellaron en las costillas!

Y todo esto se lo dice por su bien, para que sea humilde y dé gracias al cielo y a la grandeza de la profesión caballeresca. Que aprenda este Catón, no se vaya a engolfar ni confundir, puesto que no pasó de la primera página de la cartilla, como él mismo reconoce. Veamos las lecciones de don Quijote.

La primera lección consiste en temer a Dios, que ahí está el principio de la sabiduría, el viejo proverbio latino: “initium sapientiae, timor domini”.

La segunda se fundamenta en conocerse a uno mismo, el “gnóthi seautón” de los griegos y el “nosce te ipsum” latino. Si Sancho llega a conocerse bien, no se hinchará como la rana del cuento y no le afearán el haber sido pastor de puercos.

¿Pastor de puercos? Eso fue de muchacho. Gansos fue lo que guardó, algo más mayorcito. Conque gansos, je, je, lo estás poniendo peor, pensará el que busca la risa, en el Quijote. Pero este lector verá a continuación como este “porro” da en el clavo: “no todos los que gobiernan vienen de casta de reyes”.

Don Quijote asiente y añade que los que no son nobles de cuna han de ser más suaves y más prudentes, para evitar la murmuración. Y le aconseja que haga gala de sus orígenes humildes, porque si ven que él no se avergüenza, no le avergonzarán.

Sancho ha de poner a la virtud, por encima de todas las cosas. Mejor “humilde virtuoso que pecador soberbio”. Si el humilde labriego practica la virtud y se precia de practicarla, no tendrá envidia a los grandes señores; que “la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí misma lo que la sangre no vale”.

Sancho ha de “acoger, agasajar y regalar” a sus parientes si lo visitan en la ínsula, sin desecharlos o humillarlos, por su humilde condición.

Si lleva consigo a su mujer ha de enseñarla, doctrinarla y desbastarla de “su natural rudeza”, que una mujer rústica y tonta puede ser muy perjudicial para un gobernador. ¿Cómo se las apañará Sancho para quitar lo basto a su Teresa? Lo cierto es que Teresa puede ser rústica, pero no tonta.

Don Quijote no deja cabo suelto y también le aconseja para el caso de enviudar. Le dice que no la tome como caña para “pescar” lo que él aparente no querer y…todo queda en casa.

Nuestro caballero andante ofrece, a continuación un código ético, que ha de tener Sancho muy presente, en su cargo.

No ha de guiarse por su propio juicio o “ley del encaje”, hallarán en él más compasión por las lágrimas del pobre que por las informaciones del rico, pero no más justicia; ha de descubrir la verdad entre las promesas y dádivas del rico, pero también en los sollozos del pobre; no ha de cargar todo el rigor de la ley al delincuente; si se dobla la vara de la justicia, que sea por el peso de la misericordia, no por la dádiva; si juzga un pleito de un enemigo , olvide las injurias y busque la verdad ; no ha de cegarle la pasión en la causa ajena…

Sigamos… si alguna mujer hermosa le pide justicia, no ha de mirar sus lágrimas ni oír sus gemidos. Y al que ha de castigar con obras, no lo maltrate de palabra, que bastante tiene el pobre.

Al culpado ha de considerar como a hombre sujeto a la depravada naturaleza humana y siempre ha de mostrarse piadoso y clemente.

Si Sancho sigue estas reglas, vivirá en paz, con el beneplácito de la gente, rodeado de hijos y nietos. Y, en el momento de su muerte, cerrarán sus ojos las manitas de sus tataranietos. Larga vida a Sancho, pues.

Estos son los adornos del alma, a continuación le indicará los que sirven de adorno al cuerpo.

Esperemos al próximo capítulo, hasta entonces un abrazo de María Ángeles Merino Moya.


Publicado "En la arañita campeña", entrada con el mismo título.
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2010/03/primeramente-oh-hijo-has-de-temer-dios.html

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