sábado, 23 de noviembre de 2013

La televisión, el “Código da Vinci”, los libros de caballerías y un curioso impertinente en una maleta.







Aquí se reúnen los de la venta con la “cuadrilla” de don Quijote, gente de muy diferente condición social , ¿Qué tienen en común el ventero, la ventera, su hija, Maritornes, don Quijote, Sancho, el cura, el barbero, Cardenio y Dorotea? Todos conocen, en mayor o menor medida, el contenido de los libros de caballerías. Don Quijote y Cardenio se han empapado tanto de su espíritu que los han tomado como modelo de vida. El cura critica esos disparates pero ya nos demostró, en casa del hidalgo, que los había leído todos. Dorotea sólo leía libros piadosos, pero, más tarde, afirma haber leído muchos y vive el personaje de Micomicona como una consumada actriz.

El analfabetismo no es obstáculo para su conocimiento, no falta quien reúna un auditorio para su lectura en voz alta. En la venta del Zurdo, un segador lee para sus compañeros de fatigas y todos escuchan, incluidos el ventero, la ventera, la venterilla, y la criada Maritornes. Hay para todos los gustos: amor para las mujeres, peleas para los hombres.

Será uno de esos “lectores”analfabetos, el ventero, el más entusiasta defensor de estas fantásticas historias en las que abundan los gigantes partidos por la mitad, las serpientes de fuego montadas a horcajadas, los ejércitos vencidos por un solo brazo…No será capaz de distinguir realidad y ficción, con el sello del Consejo Real…no , no puede ser una mentira.

Nos podíamos preguntar: ¿qué clase de libros cumplirían ahora esa función de llegar a todas las clases sociales? Pasarían por nuestra mente esas novelas “históricas “, entre comillas, que tanto éxito cosechan ahora: los códigos, los pilares, los vientos, las sábanas santas, los templarios, las Magdalenas. Mucha gente los lee, pero no llegan a la clase social con más bajo nivel de instrucción, a aquel tipo de público que, todavía en los años sesenta de mi infancia, alquilaba esas novelas policíacas o del “Oeste” que se prestaban en los kioscos o “portalillos”. Recuerdo un letrero, en un portal de la calle de la Paloma, al ladito de la Catedral, que decía:”Se prestan novelas”.

Yo diría que los libros de caballerías de ahora son…algunos programas de televisión. Llega a todas las clases sociales y existen muchas Doroteas y muchos “curas” que no, por Dios, sólo ven los documentales, interesantísimos, telediarios, informes semanales… y , sin embargo, se saben de pe a pa de qué van los grandes hermanos, los tomates, las belenes, los jesulines...¡Qué pena! ¿No hay otras posibilidades? Hay bibliotecas en las ciudades y bibliobuses para los pueblos, pero surge la palabra clave: educación.

Cervantes quiso ofrecer algo distinto a los libros de caballerías, algo que llegase a todos, aunque fuese en una lectura colectiva, pero… mejor. Y como hay que ofrecer todo tipo de ingredientes, también cabe lo de la ventera y la cola de su marido. Recordad que, en otro capítulo, nos sorprendía un viejo chascarrillo de viuda consolada. Y para que se conozca otro tipo de literatura, vamos a estar presentes en la lectura colectiva de una novela sentimental. “El curioso impertinente”. Cervantes, algo forzadamente, aunque no venga a cuento, saca su historia de una maleta como un mago saca un conejo de la chistera. Será criticado por ello, pero a Cervantes le apetecía contarnos esta historia y nos la tiene que contar. Es una de las historias más machistas que existen, por cierto…La mentalidad de otra época…

Un saludo a Pedro...y a todos los visitantes.

María Ángeles Merino
 
Pedro Ojeda Escudero dijo:
 
 

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