domingo, 20 de octubre de 2013

"Miémbresele" es del verbo miembrar,

La princesa Micomicona se tendrá que casar con el que la libre de Pandafilando de la fosca vista.

Comienza el capítulo con un Sancho chivato que se gana el "majadero" de un indignadísimo don Quijote. Éste nos da su versión caballeresca, ¿erasmista?, del haz bien y no mires a quien, lo que le pide su religión. No olvida "la santa dignidad del señor licenciado y su honrada persona". Aunque el personaje esté loco, Cervantes no lo está y las mazmorras de la Santa Inquisición...

Dorotea consigue reprimir la caballeresca cólera. Ha llegado el momento de meterse en su papel de princesa de cuento. Deja caer un "miémbresele" que nos deja con la boca abierta y nos hace viajar al reino del Micomicón. Sin GPS y sin mapa de carreteras, en marcha hacia los dominios de Micomicona. ¡Vaya nombrecito!


 
Sigue el comentario:

La del bello pie inicia la narración de un cuento como tantos. Leemos una predicción y un rey con su hija, pretendida por un malvado inasequible al desaliento. La mano de la princesa será para el que libre del malo a la chica y sus reino. Cuando, de niña, leía algún cuento de éstos con princesa-premio, me preguntaba ¿y si a la chica no le gusta el maravilloso ganador?...¿Es libre la hija de Tinacrio, el Sabidor, para casarse o no con su salvador ? Veamos:"... así lo dejó profetizado... mi buen padre que si este caballero ...después de haber degollado al gigante, quisiese casarse conmigo, que yo me otorgase luego sin réplica alguna por su legítima esposa, y le diese la posesión de mi reino, junto con la de mi persona" Sin réplica alguna, le ha de entregar su reino y su persona. ¡ Qué cuento tan horroroso!

Pero don Quijote, es hombre y libre. Ante la desesperación de Sancho, se debe a Dulcinea. No se casaría, no, ni con Micomicona ni con el "ave fénix". Cuando el escudero se atreve a comparar la belleza tobosana con la micomicona, colma la paciencia quijotesca y recibe dos palos con el lanzón. Gañán, faquín, belitre, hideputa, bellaco...después de los golpes, llueven los improperios contra el blasfemo. Además, el que pedirá perdón será él, no al revés.

¡Pobres Sanchos, nacer tantos siglos antes de los derechos humanos y los del trabajador! Que le contasen estos amos pegones, a un juez, que los primeros movimientos no son en manos de los hombres. Pero, en el siglo XVII, el único consuelo :"Dios está en el cielo, que ve las trampas, y será juez de quién hace más mal".

Después de apaleado, metepatas. Se le escapa, nunca ha visto a Dulcinea y se mete en unos jardines...Se aprendió de memoria la linda carta , un sacristán la trasladó, La entregó y después la olvidó.

En este capítulo aparece, por fin, el burro Guadiana, aunque en letra pequeña, mala para leer después de los cuarenta años. El gazapo asnal trae y traerá cola, estad atentos. Pillamos aquí otro gazapillo, éste de hierro: la espada robada por Ginés de Pasamonte, novedad absoluta a estas alturas de la primera parte.

Siempre digo que de Cervantes me gustan hasta los defectos, así que comento otro. El epígrafe de este capítulo apareció, en la primera edición, en el lugar del capítulo XXIX. Estos impresores...

Un saludo para Pedro y los paseantes de "La acequia"


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