sábado, 21 de septiembre de 2013

El ovillejo de Cardenio

¡Esto no es un ovillejo!
 
Comentario al capítulo 1,27 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "El amante indeciso o el relato de la desesperación de Cardenio", del día 13 de noviembre de 2008.  
 
Don Quijote no está.

¡No te vayas Sancho, que nos quedamos con el pelmazo de Cardenio!

Cardenio devana el ovillejo y el soneto, todo sin papel ni pluma.

¡A mí el narrador omnisciente!

Para llevar a don Quijote de vuelta a su aldea, el cura va a ser la doncella afligida, con antifaz y escudero barbero.La ventera les ayuda a disfrazarse: una saya, unas fajas, una toca, una antihigiénica cola de buey como barba, ¡guardapeines!. Se quedará una sotana nueva en prenda, la buena mujer no se fía ni de los eclesiásticos.

Estalla la risa de Sancho y Cervantes espera que nos contagie a todos. Pero… corren tiempos inquisidores, la imagen de un sacerdote vestido de mujer…Venga, padre, a cambiar disfraces.

En este capítulo ¡no está don Quijote! y ,en buena parte de él, ¡Sancho nos abandona!El narrador omnisciente da paso ¡al cantante armonioso, hábil poeta sin papel ni pluma, devanador de ovillejos, desesperado, traicionado, enamoradísimo Cardenio! No te vayas Sancho, que nos quedamos con el… pelmazo de Cardenio. Cuando llevo una página con las cuitas del Roto, exclamo: ¡Viva el narrador omnisciente!

¿Y Luscinda? ¿Qué me decís de Luscinda? Con una notita escrita, un billete, ha encaprichado al traidor Fernando. Sumisa a sus padres. Menos mal que sabe desmayarse en el momento preciso y esconder en el escote un papel… No adelantemos acontecimientos…
 
Un saludo a todos, uno muy especial para Pedro Ojeda Escudero.

Pedro Ojeda dijo:
 
ABEJITA: En efecto, el lector moderno puede bostezar en determinadas páginas: está permitido, porque el mismo Cervantes ironizaba con ellas para superarlas como propuesta narrativa.
 
Entrada copiada del blog "La arañita campeña":
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/el-ovillejo-de-cardenio.html

Erasmo, Fideo de Mileto y Nadia Comaneci ...¿de qué trata esto?

Erasmo de Rotterdam y el erasmismo burlón de Cervantes

Don Quijote empieza el capítulo emulando a Nadia Comaneci, dando volteretas.
A continuación, se pone a hacer versos malos, como Fideo de Mileto.
 



Comentario al capítulo 1,26 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "La historia comienza a girar hacia su final: culminación de la penitencia de don Quijote y reaparición del cura y el barbero", del día 6 de noviembre de 2008.

Ya tenemos a Don Quijote dando volteretas y enseñando sus desnudeces, de medio cuerpo para abajo, dudando entre seguir la senda de Roldán furioso o del penitente Amadís, eligiendo a este último. En este capítulo del ecuador de la primera parte, yo destacaría:

El erasmismo burlón

Comienza con el rosario de jirones de camisa que, tras la censura serán agallas de roble,  sigue el millón de avemarías recitadas con su ayuda y concluye con los privilegios de un hipotético escudero adjunto a un “arzobispo andante” : “algún beneficio, simple o curado, o alguna sacristanía, que les vale mucho de renta rentada, amén del pie de altar”…Ahí queda eso.

El de la Triste Figura convertido en poetastro , grabando versos donde pilla.

Un poema pseudogarcilasiano malísimo, dirigido, cómo no, a los árboles, yerbas y plantas y con la rima estropeada, por querer forzadamente incluir la palabra Toboso. Cervantes admira la buena poesía, especialmente la de Garcilaso que conoce muy bien. Le hubiera gustado ser un buen poeta; poseer esa “gracia” que no quiso darle el cielo, Por eso mismo, me lo imagino disfrutando con la creación de versos malos a posta.

La quijotización de Sancho

Al igual que su señor “cree lo que quiere creer y termina creyéndoselo”. Emperador o monarca será su amo y echa a volar la imaginación, sin ponerla cortapisas. Con la boca abierta, leemos que su señor le había de casar porque ya sería viudo y le había de dar por mujer a una doncella de la emperatriz, heredera de un rico y grande estado de tierra firme. ¡Pobre Teresa Panza!

La reaparición de las figuras del cura y el barbero que anuncian el final

Llevan la misión de llevar al hidalgo hasta su aldea. Empiezan intimidando a Sancho, posteriormente celebran los disparates al memorizar la carta a Dulcinea y le siguen en sus fantasías. Así cuando al escudero manifiesta preocupación por su amo arzobispo, el barbero le contesta que “le aconsejarán que sea emperador y no arzobispo, porque le será más fácil, a causa de que él es más valiente que estudiante”. El cura, vestido de doncella afligida, será el reclamo…veremos lo que pasa. De momento, como señala Pedro, el lector de la época, amedrentado por el poder eclesiástico, se imagina a un sacerdote vestido de mujer y …se parte de risa.

Un saludo de María Ángeles Merino

Pedro Ojeda Escudero me contestó:

ABEJITA: en efecto, como señalas en tu buen comentario y resumen del capítulo, es en este donde comenzamos a ver girado a Sancho hacia su proceso de atracción por la locura. Ya estaba, sin duda, desde el principio de su viaje con don Quijote, pero es justo cuando hay contraposición con el cura y el barbero cuando se evidencia.

Don Quijote quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo.


El Guisopete de Sancho es Esopo (en griego antiguo Αἴσωπος, Aísōpos, latinizado Aesopus) fue un famoso escritor de fábulas que vivió alrededor del 600 a.C. En Europa es considerado el padre de la fábula.
 
Comentario al capítulo 1, 25 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada: "De todo un poco con Amadís al fondo", del día 30 de octubre de 2008.

¡Bien por Sancho!

Solicita licencia, a su señor, para volver a casa; pero no por las coces, manteamientos, ladrillazos y puñadas…no. Lo que es superior a sus fuerzas es… ¡obedecer la orden de permanecer callado! Las mujeres, al menos, le comprendemos perfectamente. Algunos hombres, no sé, no parecen sentir esa imperiosa necesidad de comunicación verbal de nuestro escudero .Si se pudiese, como en las fábulas de Esopo, charlaría con su jumento. ¡Jumento? ¿Dónde? ¡Otra vez el burro Guadiana!
 
Copiado de http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/sancho-te-entendemos.HTML
 
Tras una alusión a las fábulas de Esopo o Guisopete, ¡zas! el burro Guadiana surge vez. El lector asombrado lee: “Si… los animales hablaran… fuera menos mal, porque departiera yo con mi jumento lo que me viniera en gana.”. Unas líneas más… y bajo tierra otra vez: “Bien haya quien nos quitó ahora del trabajo de desenalbardar al rucio…”

Sancho tendrá que montar en Rocinante para llevar la carta del penitente don Quijote a la ingrata Dulcinea, en una imagen que rompe nuestros esquemas. Además, llevará escrita la libranza pollinesca, una orden escrita para que la sobrina de don Quijote le entregue ¡tres burros nada menos! Singular documento ¡con fecha de veinte y dos de agosto!

Ya comentamos la falta de datos climatológicos, nos suponemos que no hace frío porque no aluden nunca a la necesidad de abrigarse. Tampoco llueve, ni hay tormentas…Gracias a los pollinos, los situamos en verano.

Copiado de http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/otra-vez-el-burro-guadiana.HTML



¡Dulcinea es real!

¡En este capítulo, por primera vez, Dulcinea es de carne y hueso Se trata de la analfabeta hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales.

Cuatro veces, en doce años, la ha visto el de la Triste Figura y, posiblemente, ella no sepa nada de las honestas miradas del hidalgo.

Con estos datos, Sancho nos pinta a la aldeana Aldonza en un cuadro cómico, opuesto al de la recatada Dulcinea. Sonreímos imaginando a una recia moza, algo hombruna, ¡de pelo en pecho! , con la cara estropeada por el sol y el aire, nada melindrosa, burlona con los que la requiebran, compitiendo con los más forzudos zagales y dueña de un vozarrón que se oye a media legua. Seguro que se partiría de risa, ante los vencidos que su caballero le envía.

Copiado de http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/dulcinea-es-real.HTML



Don Quijote quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo.

En este capítulo tenemos la clave de toda la obra: Don Quijote confiesa: quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo. Por ello, las palabras de Sancho, el cuadro cómico que pinta, no hacen mella en él, dispuesto a engañarse a sí mismo.

Tras contarnos lo que hoy denominaríamos chiste verde, un gastado chascarrillo de viuda consolada, lo enlaza artificialmente con su caso. Pregunta y se contesta: “¿Piensas tú que las Amariles, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Alidas y otras…fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquéllos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen, por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo. ”Concluye que le basta con “pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta” y el se hará cuenta de que es “la más alta princesa del mundo”.

En consecuencia, su carta irá dirigida a una soberana y alta señora, de parte del “ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón”. ¡ Viva el mejor loco de toda la literatura universal¨!

Copiado de http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/11/don-quijote-quiere-creer-lo-que-quiere.html
 
 
ABEJITA: Pobre burro Guadiana y qué listo es Sancho: él, por ahora, va a lo suyo. Tienes razón en lo de la necesidad de hablar. En cuanto al frío: ya hemos comentado aquí que la narración trascurre en las semanas más calurosas del verano. En lo de Aldonza-Dulcinea, como sabes, no ha hecho más que comenzar este divertido juego de perspectivas e intereses.Y, como dices, este capítulo es fundamental para reinterpretar todo lo anterior y lo que sigue. Muy bien visto.

sábado, 14 de septiembre de 2013

¡Tila y Valium para el capítulo 1,24 del Quijote!





Comentario al capítulo 1, 24 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada "Diálogo entre locos", del día 23 de octubre de 2008.

Este es un capítulo de contrastes y sobresaltos.

Tras intercambiar largas cortesías, al viejo estilo caballeresco, el del Bosque rompe el discurso pidiendo comida, necesidad que satisface a costa de Sancho y del cabrero, atragantándose, sin dejar espacio entre los bocados. Contraste entre el mundo de las novelas de caballería y la realidad más cruda.

A continuación, le siguen al verde, tópico y apacible pradecillo. Allí vuelve el tono grandilocuente y sentimental, para contarnos su historia:

-«Mi nombre es Cardenio… mi desventura, tanta que la deben de haber llorado mis padres y sentido mi linaje...A esta Luscinda amé, quise y adoré desde mis tiernos y primeros años…”

El relato va como la seda: el duque Ricardo, Fernando, la bella labradora… hasta que…con el Amadís de Gaula hemos topado, Don Quijote no puede estar callado ni con agua hirviendo, tiene que soltar su parrafadita. Cardenio parece absorto en sus pensamientos pero, de golpe, sin venir a cuento, suelta eso de “aquel bellaconazo del maestro Elisabat estaba amancebado con la reina Madésima.”

Nuestro hidalgo pierde los estribos . Comienza una agria discusión bizantina que terminará a pedradas. Lluvia de guijarros sobre el caballero, masaje para las costillas del escudero y, por añadidura, del cabrero. Al final, por un quítame ahí estas pajas, pelea villana entre Sancho y el cabrero que se cogen de las barbas y se dan puñadas. Para eso son villanos y no caballeros armados.

Un saludo para Pedro y todos los paseantes de “ La acequia”.

Hasta el próximo capítulo:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda Escudero dice en http://laacequia.blogspot.com/:

ABEJITA: muy bien reseñado el capítulo. Efectivamente, todo sucede como dices. Fíjate que la pelea se provoca por un tema libresco, en el que a ninguno de los dos les va nada en la realidad. Pero, al estar locos, su cerebro vive esa fantasía. Gracias por dejar constancia de tu amor por Cervantes.

De nada.

Copiado del blog "La arañita campeña":

http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/10/tila-y-valium-para-este-captulo-xxiv.HTML

El burro Guadiana y absolvamos a Cervantes

Comentario al capítulo 1, 23 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada "Un lío de imprenta del tamaño de un asno y un loco encuentra a otro loco ", del día 16 de octubre de 2008.



Ea, le perdonamos lo del burro. El Quijote es tan grande que don Miguel queda absuelto...Si fuera un escritor de nuestros días…sería presa de furibundas páginas web, no sé qué de fieras literarias, que andan a la caza de gazapos, por supuesto de los escritores o escritoras que no son de su cuerda. Las he descubierto hace poco… ¡Con lo políticamente incorrecta que era su finísima ironía!

Cuando en el Quijote se habla del Quijote, en el capítulo XXVII de su segunda parte, Cervantes se defiende alegando que ese desliz fue “por culpa de los impresores”, lo cual “ha dado en qué entender á muchos, que atribuían á poca memoria del autor la falta de emprenta”. Francisco Rico, en “El texto del Quijote. Preliminares a una ecdótica del Siglo de Oro” (Ed. Destino, 2006), nos describe el engorroso proceso de impresión de la época que justificaría muchos errores y omisiones importantes.

Pero este capítulo es mucho más que el burro Guadiana. Vemos a Sancho feliz, gracias a los escudos de la maleta, dar por bien empleados los vuelos de la manta, los vómitos del brebaje, las estacas, los puñetazos, el hambre, la sed y el cansancio. Estas monedas serán la única paga en metálico que Sancho reciba, en esta primera parte. Le permitirán justificarse ante su mujer, sola en la aldea. Los escudos del pañizuelo saldrán a relucir mucho más adelante, cuando en el Quijote se hable del Quijote…

Por primera vez, nuestro hidalgo actúa con prudencia, ante la eminente presencia de los dardos de la santa Hermandad; pero… que nadie sepa que”yo me retiré y aparté de este peligro de miedo”. Se retiran a Sierra Morena y allí se van a encontrar con otro loco, éste por penas de amor, el “Roto de la mala figura” que todavía no nos ha dicho su nombre. Tal vez esté inspirado en algún otro demente que vio el niño Miguel, acompañando a su padre en su labor de barbero-cirujano-curatodo. No nos ha dicho su nombre, pero sí el de su odiado Fernando. No adelantemos acontecimientos…Hasta el próximo capítulo.

Un saludo a Pedro y a todos los que visitan su blog

Pedro Ojeda Escudero contesta:

ABEJITA: absuelto quede, por lo tanto. Es cierto, hay muchos por ahí que intentan busca cosillas sin importancia en las grandes obras para rebajar su valor.No adelantemos acontecimientos. Me ha gustado lo del burro Guadiana, el pobre va muy ajetreado tanto aparecer y desaparecer. En efecto, en este capítulo hay cosas usadas como le gustan a Cervantes: que ayudan a engarzar los capítulos.


Un cesto de ropa blanca muy cara

Cuadro de Francisco Pelayo

Comentario al capítulo 1, 22 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada "Don Quijote apedreado por confundirse de género literario", del día 9 de octubre de 2008.

¡Una canasta de colar, atestada de ropa blanca ! Un hombre condenado a remar en una galera, atado a golpe del látigo o corbacho, alimentado con putrefacto pan recocido o bizcocho y…posiblemente no salga vivo. Todo por una cesta de ropa blanca….

¿O no es la ropa sino la mujer que la llevaba puesta? Fijaos que manifiesta ir a galeras por enamorado y , según sus palabras, la abrazó consigo tan fuertemente que, a no quitársela la justicia por fuerza, aún hasta agora no la hubiera dejado de su voluntad. Si es por la ropa, nos parece increíble en estos tiempos de textil asiático, a bajo precio, procedente de mano de obra barata, tal vez infantil. Si es por abrazar a una mujer, sólo por abrazarla…

La cadena de osadías que Cervantes, maestro de la ironía más fina, deja escapar, al igual que los galeotes, en este capítulo, llama nuestra atención.

Veamos algunas:¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente? pregunta don Quijote. Le contesta Sancho: ”No digo eso…sino que es gente que, por sus delitos, va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza”. Sancho rectifica a tiempo…

Otro de los galeotes afirma:” Yo voy por cinco años… por faltarme diez ducados”. Y explica: “hubiera untado con ellos la péndola del escribano y avivado el ingenio del procurador, de manera que hoy me viera en mitad de la plaza de Zocodover”. Cervantes lo sabía muy bien, en algún proceso se vio envuelto, en algún momento tuvo él que untar la péndola.

Llega el turno a un anciano, acusado de hechicero y alcahuete. Lo de hechicero, ni tocarlo, menuda es la Inquisición. Pero por lo de alcahuete “no merecía él ir a bogar en las galeras, sino a mandallas y a ser general dellas; porque no es así comoquiera el oficio de alcahuete, que es oficio de discretos y necesarísimo en la república bien ordenada”. Menos mal que lo ha puesto en boca de un loco…

Aunque la más osada es la que apunta Pedro: “me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres”. Casi nada.

María Ángeles Merino Moya

Pedro Ojeda Escudero. http://laacequia.blogspot.com/dijo... ABEJITA: en aquel tiempo bastaba con la ropa para ser condenado... en efecto: osado y valiente es Cervantes, aunque disimule en boca de un loco.11 de octubre de 2008 17:33

Copiado del blog "La arañita campeña":
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/10/un-cesto-de-ropa-blanca-muy-cara.html

domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Yelmo o bacía?


 
Comentario al capítulo 1,21 del Quijote, publicado en "La acequia, en la entrada titulado "De la obtención del yelmo de Mambrino y el soñar despierto", el día 2 de octubre de 2008.

"Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero"
"En este capítulo, Don Quijote enristra con su lanzón a un humilde barbero que se había protegido de la lluvia, colocándose una palangana de barbero, la bacía, en la cabeza.

El hombre iba a su trabajo para sangrar a un enfermo y hacer la barba a otro. Con los esquemas laborales y sanitarios de nuestra época, no entendemos esa doble función. El mismo profesional que abría la vena con la lanceta, para expulsar “los males humores”, consiguiendo muchas veces aquello de ser peor el remedio que la enfermedad, también rapaba barbas. Algo cotidiano entonces y más aún para Cervantes, hijo de uno estos barberos-cirujanos, sin título universitario, sin derecho al “don”.

Hay dos sangradores- rapabarbas en la obra y, en un capítulo de la segunda parte, coincidirán: Maese Nicolás y éste del yelmo de Mambrino que volverá…a cobrar su deuda.


Vamos a imaginar, esta vez más mayorcito, al niño Miguel, en un rincón den la barbería de su padre. La tertulia donde se charla y se leen libros de caballería: Amadís, Palmerín, Félixmarte de Hircania. El trabajo: la sangre que cae en la bacía, los pelos de las barbas, toda clase de males mayores y menores y…los locos. Sí, en cierta ocasión, llevaron ante su padre a un enfermo que se creía caballero andante y gritaba eso de “¡Non fuyades cobardes y viles criaturas! Poco se pudo hacer. La psiquiatría tardaría en nacer, sujetarle, atarle…Otro día traerán a un loco huido a la sierra por una pena de amor, a un estudiante que se cree de vidrio…

Sigamos imaginando. Un día lluvioso, Rodrigo vuelve de un servicio, en una aldea próxima .Para no mojarse el sombrero, tan caro, su padre se ha colocado la bacía encima de la cabeza. Miguelillo ríe y exclama: ¡padre, llevas el yelmo de Mambrino!"
 
Hasta la próxima lectura, en el capítulo de los galeotes.

Un saludo a Pedro y a todos los blogueros que entran en “La acequia”.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ABEJITA: en efecto, como señalas, para Cervantes esta profesión era bien conocida, desde dentro. Me gusta lo que imaginas para él, como origen de esta escena. Saludos y gracias por tu aportación.

Entrada copiada del blog "La arañita campeña":
http://aranitacampena.blogspot.com.es/2008/10/yelmo-o-baca.html