miércoles, 22 de enero de 2014

En lugar de esta borla, esta otra, menudo doctorado.

En lugar de esta borla, ésta otra de hilas.¡Menudo doctorado y menudo birrete!

Comentario al capítulo 1,38 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Discurso sobre las armasy las letras", correspondiente al día 29 de enero de 2009.

¡Qué raro! El título dice: “Que trata del discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras” y, en efecto, ¡sólo es un discurso! Al final, un pequeño enlace con el relato del cautivo y se acabó. Cervantes nos tiene acostumbrados a unos capítulos como cruces de caminos donde convergen varias historias, para dar gusto a todos, y nos extraña, eso… y su tamaño.

Comienza el discurso, enlazando con lo manifestado en el capítulo anterior, con una frase que dejaría boquiabiertos a nuestros estudiantes, dando vueltas actualmente a la salsa boloñesa que aderezará sus futuros estudios:” Pues comenzamos en el estudiante por la pobreza y sus partes”. Les ruego que la comparen con la que cuadraría a su futuro inmediato que sería: “Pues comenzamos en el estudiante por los créditos y los másteres diseñados por empresas “. Tras esta digresión, disculpadme, sigamos con Cervantes, estudiante pobre sólo durante dos años. Se preparó con el gramático López de Hoyos, para el ingreso en la Universidad de Alcalá, Pero no llegó a ser universitario ya que tuvo que huir a Italia, tras un confuso incidente.

Mucho más larga fue su vida de soldado, que aquí pone en boca de Don Quijote. A los de la venta y también a nosotros se nos olvida que estamos ante un loco. ¿Seguro que estamos ante un loco? ¿Está en uno de sus momentos de cordura? ¿Es Cervantes el ventrílocuo y don Quijote el muñeco? ¡Qué realismo e ironía finísima posee su discurso! Con sus palabras vivimos la vida del soldado de los Viejos Tercios, aquellos que sangraron la Monarquía. Y, sin embargo, la paga resulta escasa y azarosa, muchas veces tiene que robar, “garbear con sus manos”, para sobrevivir; mal vestido, con un “coleto acuchillado”; duerme en el suelo, donde no le estorban las sábanas; pasa frío y hambre, su aliento proviene de un lugar vacío y cuando llega su “graduación” le colocan su borla…pero de vendas o hilas, menudo doctorado y menudo birrete. Y si sale vivo, tendrá que seguir luchando en una y otra batalla, vencedor en todas ellas, un milagro. La antítesis de los letrados, cubiertos siempre por sus “faldas” y sus”mangas”, honorarios legales e ilegales. Preeminencia de las armas.

Dialogan las armas y las letras, las armas no pueden vivir sin leyes, que al fin y al cabo son letras. Las leyes no se pueden defender si no es con las armas, no pueden vivir en guerra. Preeminencia de las armas. Aunque es la pescadilla que se muerde la cola…

Después encontramos un compendio de las penalidades que soportó Cervantes, en uno y otro oficio: “alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, váguidos de cabeza, indigestiones de estómago, y otras cosas a éstas adherentes”.Al soldado, lo mismo pero con riesgo de perder la vida. Preeminencia de las armas. ¡Menuda vida la de don Miguel!

El de la Triste Figura nos lleva a los mismos escenarios de la guerra. ¿Cómo sabe tanto un hidalgo de pueblo? Hacemos guardia, sabemos que el enemigo nos acecha y no podemos movernos. En cualquier momento vamos” a subir a las nubes sin alas y bajar al profundo”. Como esto es poco peligro, vamos a la mismísima batalla de Lepanto, se embisten las galeras, cañonazo va, cañonazo viene, bum, bum y no nos queda más espacio que dos pies de tabla del espolón; al primer descuido de los pies nos vamos con Neptuno y otro ocupa nuestro lugar.

Ahora calla el manco de Lepanto y toma la voz el viejo hidalgo caballero andante y retorna el lenguaje arcaico:” Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención…”En el alma le pesa haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable, en que la pólvora y el estaño le han de quitar la ocasión de ser conocido por su brazo y su espada. Qué va a decir un émulo de Amadís de Gaula. Pero se resigna, así su mérito será mayor, al acrecentarse el riesgo.

En el capítulo de los cabreros, don Quijote larga su discurso de la Edad de Oro, paralelo a éste, después de haber satisfecho su estómago con bellotas, queso y el vino del cuerno. Pero, en esta ocasión, los demás cenan y él se olvida de llevar bocado a la boca. Estamos ante un discurso en ayunas. Cenan, levantan manteles y don Fernando ruega al cautivo que relate su historia, el cual no se hará de rogar.

Y preparaos, que viene el cautivo…y no digo más.

Un abrazo a Pedro y todos los paseantes.

María Ángeles Merino Moya

Pedro Ojeda Escudero. dijo en "La acequia":

ABEJITA: en efecto, el capítulo trata exactamente de lo que promete. Sorprendente y ya nos pone a dudar si fue casualidad o cosa hecha a propósito. Me gusta tu comentario, que acierta en relacionar el discurso con la vida del autor.Un fuerte abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo en este blog:

Has visto muy bien el discurso y cómo en él los motivos autobiográficos de Cervantes lo llenan. Dos opciones que tuvo don Miguel y que no le dieron demasiadas satisfacciones públicas. Saludos, me alegro de veros dialogar aquí a tantos buenos.


Gracias, Pedro.

Copiado del blog "La arañita campeña", entrada titulada "En lugar de esta borla, ésta otra, menudo doctorado", 31 enero 2009.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Un loco pregunta :¿Qué es lo que dices, loco?


Mis "zoraidas"


Comentario al capítulo 1,37 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "Un poco de todo", correspondiente al día 22 de enero de 2009.

Un loco pregunta :¿Qué es lo que dices, loco?

En las primeras ediciones, este capítulo se tituló “Que trata donde se prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras graciosas aventuras”. 


Evidentemente sobran las dos primeras palabras, nos choca la mala redacción, pero entre los impresores y el escritor que no los repasa…No nos debe extrañar, repasemos su biografía más abundante en “saltos de mata” que en tardes plácidas junto al fuego.


Aquí toca varios palillos., pero aventuras, lo que se dice aventuras, ni las graciosas ni las de Micomicona. Tal vez le gusta jugar con ese lector ávido de Amadises. Anda, hombre, lee esto que no tiene nada que ver ¿A que es mucho mejor? Olvídate de esas disparatadas historias.

Este capítulo remata el anterior, nos engancha de nuevo con la farsa de Micomicona, nos presenta a los protagonistas de un nuevo relato y remata con un discurso quijotesco como el que dedicó a los boquiabiertos cabreros.

Esta vez es el “afligido” Sancho, el quijotizado Sancho, el que ha visto sus gigantes convertidos en molinos. Su Micomicona, en quien había puesto sus esperanzas, se ha trocado en Dorotea y su gigante en Fernando. No hay color. A su lado, por el contrario, todos tienen un motivo de regocijo, desde el alto noble a la ventera.

Dorotea vuelve al lenguaje de sus novelas caballerescas favoritas, esas que casi no leía, con el beneplácito de Fernando que es ahora su dueño y señor y…dejar el papel a Luscinda, ni hablar. La del bello pie seguirá de actriz principal de esa representación que ha de llevar a don Alonso a su aldea.

Don Quijote despierta muy feliz, ha dormido como un bendito. Cortó la cabeza a un gigante y se enfada con Sancho que habla, a quién se le ocurre, de unos cueros horadados. Esta vez no habrá palos para el pobre escudero sino que la riña no estará exenta de cariño. “Sanchuelo” será “el mayor bellacuelo que hay en España”.

¿Qué es lo que dices, loco? ¡Un loco que habla de locos! Pero este loco, tan cuerdo a veces, encuentra enseguida una explicación, de acuerdo con sus coordenadas. No hay que extrañarse, todo es cosa de encantamiento. O tal vez haya sido el “nigromante” padre de Dorotea, temeroso de no recibir la necesaria ayuda. ¡Qué razonamientos los de este loco!

Todos se sorprenden al ver ahora a don Quijote, con un rostro “de media legua de andadura”, menuda hipérbole, vestido y armado de don Quijote, con sus desvencijados pertrechos. Recordemos que le han visto con una camisa demasiado corta por detrás.

Dorotea se mete de lleno en su papel de Micomicona, con su altisonante estilo. Tranquiliza al de la Triste Figura, asegurando ser la misma que era. Le anima a ponerse en camino, al día siguiente, para remediar su principesca desgracia. Fernando, le asegura que “todos acompañaremos al señor don Quijote, porque queremos ser testigos de las valerosas e inauditas hazañas”.Esto no nos lo perdemos…

Pero cuando parecía cerrado el capítulo, todos guardan silencio, entran en la venta los protagonistas de un nuevo relato que ocupará muchas páginas: el cautivo y la mora Zoraida. Preparaos paseantes, que llega el cautivo…no digo más.

Es un pasajero “el cual en su traje mostraba ser cristiano recién venido de tierra de moros”.La casaca, el bonete, los calzones, los borceguíes, el alfanje, el tahalí…posiblemente lo que lleva encima Miguel de Cervantes cuando regresa a España, después de su cautiverio en Argel. La hermosa mujer que le acompaña va “a la morisca vestida, cubierto el rostro con una toca en la cabeza; traía un bonetillo de brocado, y vestida una almalafa, que desde los hombros a los pies la cubría”. ¡Tantas mujeres vio así!
Ante la falta de aposento, las mujeres ofrecen su solidaridad a Zoraida, la mora cristiana que rechaza airadamente su nombre, prefiriendo que la llamen María. Ese “macange”, que quiere decir no, es de las palabras del Quijote que se recuerdan, no sé por qué… ¡Qué raro me resulta este episodio! Eso de la “mora cristiana” más parece un tópico literario que una realidad y Cervantes, qué le van a contar a él, lo sabe.

El ventero pone diligencia en poner una mesa,” como de tinelo”, y “aderezarles de cenar lo mejor que a él le fue posible”. Estos huéspedes tienen trazas de pagar muy bien.
Sientan en la cabecera a don Quijote que pronuncia un discurso paralelo a aquel que dedicó a los cabreros. Con el estómago más lleno que de ordinario, se le suelta la lengua y pronuncia discursos larguísimos como éste, tan largo que no le dará fin dentro del capítulo. Comenzará hablando de la paz. El escritor sabe muy bien lo que es la guerra de verdad, pero esa verdad no se puede contar. Pone en boca de un loco la defensa de una forma de vida que ha sido la suya, la compara con la del letrado, con la del estudiante…
Veremos cómo sigue esto.

Un abrazo para Pedro y los paseantes.

María Ángeles Merino


Dejadme llegar al muro de quien yo soy yedra.



Leemos el título: “Que trata de la brava y descomunal batalla que don Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos que en la venta sucedieron”. Pero, don Miguel esa batalla ya la hemos presenciado. Hay que ver como olía a vinazo el capítulo anterior. Otro gazapo. Estos impresores…

Vamos con los raros sucesos.

Como dice el poeta Manuel Machado:” su mercé el ventero en la puerta atisba si alguien llega”. Y sí, alguien llega, “una hermosa tropa de huéspedes”, gente misteriosa, de categoría, habrá “gaudeamus”. Uy, un ventero que sabe latín… Llevan lanzas, adargas y una dama vestida monjilmente y de blanco que suspira, solloza ,calla… No responde a la solidaridad femenina de Dorotea, sólo se sentirá obligada a replicar al antipático embozado secuestrador que la tilda de desagradecida y mentirosa. Conocemos a este personaje del que teníamos referencias: Fernando. El de las tres traiciones, más traidor que Lotario, que ya es decir, un tipo donjuanesco, un arrogante miembro de la alta nobleza, tal vez un Osuna, personaje que va a sufrir esa sorprendente metamorfosis que señala Pedro, de bronce a mantequilla, el duro se ablanda , casi se le caen las lágrimas e incluso pierde la color.

Acabo de aprender la palabreja que expresa lo que se inicia ahora: la anagnórisis teatral o reconocimiento. Por deformación profesional, me pongo un ejemplo sencillito a mi misma, como si estuviera ante mis "sanchicos:

Encuentro entre una madre y un hijo que, tras muchísimos años y vicisitudes se reúnen:-Hijooooooooooo--Madreeeeee. Algo así es la anagnórisis, a ver si se me queda en el disco duro.

Cardenio reacciona ante la deseada voz de su Luscinda. Voces amadas, antifaces que se caen, rostros conocidos, desmayos, qué fácilmente se desmayan estas señoras, cada oveja encuentra a su pareja. Fernando mantiene agarrada todavía a Luscinda que suplica, en un emotivo discurso: “Dejadme llegar al muro de quien yo soy yedra” y “acabadme con él la vida”.Estamos ante la enamorada dispuesta a morir.

La que no desea morir es Dorotea, la que conocimos en la sierra vestidita de varón, lavando aquellos pies “que no parecían sino dos pedazos de blanco cristal que entre las otras piedras del arroyo se habían nacido”, la Micomicona del “miémbresele” que “sólo” leía libros piadosos. ¡Menuda mujer! Llorando y de rodillas , confesando que le entregó las “llaves”, algo tremendo entonces ; pero la humilde labradora, le lee la cartilla al señorito:

“Tú no puedes ser de la hermosa Luscinda, porque eres mío, ni ella puede ser tuya, porque es de Cardenio; y más fácil te será, si en ello miras, reducir tu voluntad a querer a quien te adora, que no encaminar la que te aborrece a que bien te quiera… quieras o no quieras, yo soy tu esposa”.

El triple traidor reconoce su derrota, no tiene ánimo para negar las verdades de la hermosa. El lobo suelta a la corderilla Luscinda que no cae al suelo porque allí están los amorosos brazos de Cardenio para sujetarla. Fernando echa mano a la espada para vengarse de Cardenio, mas Dorotea tiene buenos reflejos y “con no vista presteza se abrazó con él por las rodillas, besándoselas y teniéndole apretado, que no le dejaba mover.”

Sus palabras y las de todos los presentes, incluidas las más valiosas del cura, amansan a Fernando que casi, casi llora, se “abaja” y manifiesta el deseo de vivir sus días junto a la inteligente mujer .Se disculpa de sus faltas de una manera muy tenue, muy alambicada:” volved y mirad los ojos de la ya contenta Luscinda, y en ellos hallaréis disculpa de todos mis yerros”. A la vez da el visto bueno a Cardenio y a Luscinda. Sancho prefería a Micomicona y también llora. Aquí llora hasta el apuntador, bueno no, que aunque parezca teatro, no lo es.

Un saludo a Pedro, a todos los paseantes:

 María Ángeles Merino Moya

Por mi cocina ha pasado don Quijote y mira lo que ha hecho con el tetra brick.





Don Quijote se ha metido en mi cocina y ha hecho con un tetra brick de vino lo mismo que hizo con los cueros de la venta.




El título nos anuncia que, por fin, vamos a saber cómo acaba el triángulo Camila, Anselmo y Lotario. Pero llega Sancho más alborotado y quijotizado que nunca, temeroso de quedarse sin cabeza, la suya no, la del gigante. 

Volvemos al Quijote Quijote. Y yo, encantada, no tengo ninguna prisa, ya me enteraré de lo que pasa con el pelmazo de Anselmo. Leo esas exclamaciones que a mí me gustan:” ¡Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la señora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza, cercen a cercen, como si fuera un nabo! , “¡Tente, ladrón, malandrín, follón, que aquí te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!”. Mis favoritas sólo superadas por aquella de los molinos: “¡Non fuyades, cobardes y viles criaturas!”Ya tenemos al Quijote para todos los públicos, el que suele figurar en los manuales escolares y en las antologías, ése que le ha dado fama de obra cómica y bien merecida, por cierto.

El de la Triste Figura está durmiendo, no abre los ojos, es un sonámbulo. Si su camisa no le cubre los muslos y por detrás tiene seis dedos menos, está claro lo que nos está enseñando. Las piernas largas, flacas y con roña, esto último como resultado de treinta y cuatro capítulos sin lavarse en un arroyo o fuente, que sí se citan en algunos capítulos, como en el de los batanes, por ejemplo. La cabeza, cubierta con un bonetillo grasiento de ese ventero tan pulcro que guarda el peine en una cola de buey. Los cueros perforados por la espada y convertidos en surtidores de vino. No, vino no, la sangre de Pandafilando, que Sancho la ha visto correr por el suelo.

El hidalgo sale, como siempre, mal parado. Recibe los puñetazos del ventero que remata con un cruel jarro de agua fría que nos deja helados. El ventero, la ventera y Maritornes alteradísimos; la venterita tan tranquila. En esta burlona doncella se fija Manuel Machado y dedica un poema al sosiego de este personaje que “callaba y se sonreía”. Se la imagina “al rincón del fuego sentada…soñando en los libros de Caballerías”.

Todos se tranquilizarán, también lo hará Sancho ante la promesa de un condado que le hace Dorotea, ínsula o condado qué más da. El cura acaba de leer la novela “porque vio que faltaba poco”. El lector de aquella época espera, tal vez, que Anselmo lave su honra. Quizás piensa en los amantes culpables Anselmo y Camila que llevarán su merecido. Nosotros, posiblemente, pensáramos que se resolvería al estilo calderoniano, adelantándose a Calderón. 

Pues nada de eso, morirán pronto los tres y los tres de remordimientos, como apunta Pedro. Anselmo, reconociéndose como autor de su deshonra, perdonará por escrito a Camila y morirá todavía con la pluma en la mano. En breve también, terminarán sus días Camila y Lotario, en el monasterio y en la guerra, respectivamente.

Y, tras la opinión del cura, fin y pasamos al capítulo siguiente. Quijote, Quijote. ¡Bieeeeeen!

Un saludo para Pedro y los paseantes.

María Ángeles Merino Moya


sábado, 23 de noviembre de 2013

Los lectores "ociosos" estamos dentro de una muñeca rusa.

Comentario al capítulo 1, 34 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada "El debut teatral de Camila", en la entrada correspondiente ál día 2 de enero de 2009.

Somos los lectores “ociosos” de Cervantes, aquellos “que ni quieren, ni deben, ni pueden trabajar”. Ya nos gustaría, ya, don Miguel…

Nos hemos metido en la extraña historia de un loco que se cree caballero andante. Lo hemos acompañado desde su aldea hasta Sierra Morena, por esos andurriales. Vivimos aventuras y conocimos a diversos personajes, algunos de los cuales nos acompañan en la venta del Zurdo, donde alguien ha dejado una maleta con “El curioso impertinente”.

Estamos dentro de una especie de muñeca rusa: leemos a unos personajes que, a su vez, están leyendo a otros personajes. Dentro del relato chico, habíamos centrado nuestra atención en los personajes masculinos, los dos amigos tan amigos que experimentan con la “cobaya” Camila”, a ver cómo reacciona ese ser inferior, sometido a la autoridad masculina.

Pero el escritor, en este capítulo, da la vuelta a la tortilla, surge la gran Camila: una mujer inteligente, astuta y consumada actriz que sabrá resolver una peliagudísima situación en la que peligra gravemente su vida. Incluso se lesiona levemente y el impresentable-chivato Lotario se admirará “de la sagacidad, prudencia y mucha discreción de la hermosa Camila” ¿Y Anselmo?... Quedará como “el hombre más sabrosamente engañado que pudo haber en el mundo”, buscando la gloria de poseer una Porcia, el no va más de la fidelidad, encontrará la perdición de su fama y será cornudo tonto y conocido.

Sin haber terminado de saber cómo termina todo esto, don Miguel comete la travesura de sacarnos fuera de la muñeca pequeña y colocarnos, de nuevo, en la muñeca grande. El autor quiere que no nos despistemos de la historia del de la Triste Figura y, al mismo tiempo, nos deja en ascuas pensando en lo que podrán entrañar estas palabras:” volvió Fortuna su rueda y salió a plaza la maldad con tanto artificio hasta allí cubierta, y a Anselmo le costó la vida su impertinente curiosidad.».Y como soy muy curiosa, asomo por el siguiente capítulo y oigo voces. Alguien grita y huele a vino tinto…
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Un saludo para Pedro y los paseantes:

María Ángeles Merino

Pedro Ojeda Escudero dijo:

ABEJITA: Así, es. Cervantes juega con nosotros y nuestras espectativas, hasta que nos deja desarmados y entregados a su fuerza narrativa. ¡¡No vale adelantarse!! Voy a tu blog.

Comentario de una curiosa que procura no ser impertinente.

MONUMENTO A CERVANTES. PASEO DE LA ISLA. BURGOS

Comentario al capítulo 1,33 del Quijote, publicado en "La acequia", en la entrada titulada: "Inicio de El curioso impertinente y primera demostración de que un trío nunca funciona", correspondiente al día 26 de diciembre de 2008.

Nuestra amiga Kety, en “Los cuentos de la abuela", nos propuso... copiar “El curioso impertinente” entre los visitantes de su blog. Tuvimos así la oportunidad, al copiar los fragmentos, de conocer mejor este relato, de estilo tan diferente a los capítulos anteriores.

¿Por qué ahora esto? nos preguntamos. Pedro nos ofrece tres posibilidades: gusto del público por los añadidos, completar un compendio de modalidades narrativas o descanso para el lector. Podrían ser las tres. Yo añado una más simple. Cuando en la mente de Cervantes bulle una historia, se las apaña para encontrarle un lugar y nos la cuenta,nos la tiene que contar como sea. Para una máquina de fabricar historias como Cervantes, una maleta abandonada en la venta, es suficiente.

Comienza la historia de Anselmo y Lotario, dos amigos muy amigos, demasiado amigos. Toma la palabra un narrador en el que no reconocemos esa voz que nos ha hablado en capítulos anteriores. Comienza con un estilo indirecto algo lento para el lector de hoy, un estilo muy peculiar ya que el narrador llega a plantear una pregunta para contestarla él mismo:” Pero, ¿dónde se hallará amigo tan discreto y tan leal y verdadero como aquí Lotario le pide? No lo sé yo, por cierto…”

Por fin, se ponen a pasear por un prado y comienza un diálogo en el que las razones de cada amigo son parrafadas de páginas enteras. Anselmo propone a su amigo un disparate: que corteje a su esposa Camila nada más que para probarla, para “acrisolarla”, valdrá más después de la prueba, qué vale ser buena si no te dan la oportunidad de ser mala.

Como Pedro nos ha pedido, no vamos a juzgarle con parámetros actuales, no vamos a acusar a Cervantes de ningunear a la mujer.Y si alguien de religión islámica lee este capítulo…
En este capítulo Camila resiste; pero “irremediablemente la hermosura y la bondad de Camila, juntamente con la ocasión que el ignorante marido le había puesto en las manos, dieron con la lealtad de Lotario en tierra.”. Tres son multitud, el trío comienza a fallar por un lado. Nos quedamos pendientes del billete que Camila escribe a su marido, sintiéndose incapaz de resistir sola el acoso de Lotario.

El lector, desconcertado por el cambio de tono en el narrador, pudo haber tomado la decisión de saltarse los capítulos del curioso, yo no lo hice, no me acuerdo si tuve la tentación. Pero ya comenté, la primera vez que paseé por la acequia, que me salté en tres ocasiones la historia del cautivo cuya lectura nos aguarda. A la cuarta pude con el relato morisco y pude decir “he leído todo el Quijote”.

Lo que me ha costado, Pedro, pasar por alto eso de “que su esposa Camila no tenía otro gusto ni otra voluntad que la que él quería que tuviese”, lo del vidrio, el armiño, el diamante, etc. Pero es que pertenezco a una generación de mujeres que todavía fue educada con separación de sexos y hay cosas que molestan, por muy literarias y de otra época que sean.

Un abrazo para ti y para todos los paseantes:

María Ángeles Merino


La televisión, el “Código da Vinci”, los libros de caballerías y un curioso impertinente en una maleta.







Aquí se reúnen los de la venta con la “cuadrilla” de don Quijote, gente de muy diferente condición social , ¿Qué tienen en común el ventero, la ventera, su hija, Maritornes, don Quijote, Sancho, el cura, el barbero, Cardenio y Dorotea? Todos conocen, en mayor o menor medida, el contenido de los libros de caballerías. Don Quijote y Cardenio se han empapado tanto de su espíritu que los han tomado como modelo de vida. El cura critica esos disparates pero ya nos demostró, en casa del hidalgo, que los había leído todos. Dorotea sólo leía libros piadosos, pero, más tarde, afirma haber leído muchos y vive el personaje de Micomicona como una consumada actriz.

El analfabetismo no es obstáculo para su conocimiento, no falta quien reúna un auditorio para su lectura en voz alta. En la venta del Zurdo, un segador lee para sus compañeros de fatigas y todos escuchan, incluidos el ventero, la ventera, la venterilla, y la criada Maritornes. Hay para todos los gustos: amor para las mujeres, peleas para los hombres.

Será uno de esos “lectores”analfabetos, el ventero, el más entusiasta defensor de estas fantásticas historias en las que abundan los gigantes partidos por la mitad, las serpientes de fuego montadas a horcajadas, los ejércitos vencidos por un solo brazo…No será capaz de distinguir realidad y ficción, con el sello del Consejo Real…no , no puede ser una mentira.

Nos podíamos preguntar: ¿qué clase de libros cumplirían ahora esa función de llegar a todas las clases sociales? Pasarían por nuestra mente esas novelas “históricas “, entre comillas, que tanto éxito cosechan ahora: los códigos, los pilares, los vientos, las sábanas santas, los templarios, las Magdalenas. Mucha gente los lee, pero no llegan a la clase social con más bajo nivel de instrucción, a aquel tipo de público que, todavía en los años sesenta de mi infancia, alquilaba esas novelas policíacas o del “Oeste” que se prestaban en los kioscos o “portalillos”. Recuerdo un letrero, en un portal de la calle de la Paloma, al ladito de la Catedral, que decía:”Se prestan novelas”.

Yo diría que los libros de caballerías de ahora son…algunos programas de televisión. Llega a todas las clases sociales y existen muchas Doroteas y muchos “curas” que no, por Dios, sólo ven los documentales, interesantísimos, telediarios, informes semanales… y , sin embargo, se saben de pe a pa de qué van los grandes hermanos, los tomates, las belenes, los jesulines...¡Qué pena! ¿No hay otras posibilidades? Hay bibliotecas en las ciudades y bibliobuses para los pueblos, pero surge la palabra clave: educación.

Cervantes quiso ofrecer algo distinto a los libros de caballerías, algo que llegase a todos, aunque fuese en una lectura colectiva, pero… mejor. Y como hay que ofrecer todo tipo de ingredientes, también cabe lo de la ventera y la cola de su marido. Recordad que, en otro capítulo, nos sorprendía un viejo chascarrillo de viuda consolada. Y para que se conozca otro tipo de literatura, vamos a estar presentes en la lectura colectiva de una novela sentimental. “El curioso impertinente”. Cervantes, algo forzadamente, aunque no venga a cuento, saca su historia de una maleta como un mago saca un conejo de la chistera. Será criticado por ello, pero a Cervantes le apetecía contarnos esta historia y nos la tiene que contar. Es una de las historias más machistas que existen, por cierto…La mentalidad de otra época…

Un saludo a Pedro...y a todos los visitantes.

María Ángeles Merino
 
Pedro Ojeda Escudero dijo: